Los futbolistas recibieron el pago de octubre la semana pasada pero no pudieron cobrar.

Ante la necesidad económica por la que están pasando muchos hizo que la situación comenzara a trascender de manera extraoficial.

Los directivos pagaron con cheques la deuda de octubre. Se entregaron el viernes de la semana pasada, pero debían cobrarse este martes en el banco Supervielle, como ocurrió en otros tantos casos.

Eso calmó las aguas que se habían agitado cuando los propios dirigentes incumplieron una promesa de pago. Pero el martes llegó y la sorpresa los volvió a molestar. El dinero no estaba y no pudieron irse a sus casas con el sueldo. Serían unos 22 los jugadores profesionales que están en la misma situación; esperando alguna novedad todos los días.

Fuera del plantel hay otros empleados del club, siete en total, que también están aguardando noticias de los pagos que vienen con atrasos: les deben noviembre y medio aguinaldo.

Las horas siguen pasando y no hay respuestas a las llamadas; tampoco a los mensajes. No se sabe exactamente cuánto es el dinero que aporta mensualmente el Gobierno de Alberto Rodríguez Saá para que el club funcione; lo cierto es que muchas cosas no andan bien, y nadie sabe por qué. Ese apoyo económico es el más importante que tiene para mantenerse institucionalmente.

Se supo que la masa societaria (a pesar de que se hizo una fuerte difusión para que se sumen socios) no es tan grande como de la que se supo presumir en un momento. Sin embargo, tampoco nadie sabe cuántos son. La cuota está fijada actualmente en $200.

Es un secreto bien guardado qué está pasando con las finanzas de un club que viene recibiendo dineros públicos desde octubre de 2016; por qué comenzaron a demorarse los pagos y por qué sobrevuela siempre el rumor de que “ya no hay más plata”. El presidente, Raúl Manabella sigue sin aparecer, de hecho no estuvo en las reuniones donde estuvieron presentes los jugadores .

El 30 de noviembre los jugadores hicieron paro y no se entrenaron. Así quisieron demostrarles a los dirigentes que ya estaban “cansados”. Fue en la previa al último partido de visitante que jugó el equipo en San Juan. Y fue la primera señal y el inicio de enojo que no se sabe dónde va a terminar.